Visita de domingo 2

A las 18:30 del sábado empieza nuestro fin de semana, cuando acaba la jornada laboral y la intensa semana de 48 horas laborales… es duro, muy duro trabajar tanto y a veces hasta se hace complicado buscar cosas buenas de estar aquí en esos momentos.

El domingo decidimos ir a pasar el día a Puttaparthi, que se encuentra a unos 80 km y se tarda alrededor de 2 horas, siempre y cuando no haya accidentes en la carretera, como en nuestro caso. Estuvimos parados media hora porque un camión de verduras había volcado tirando todo su cargamento a la calzada.

La experiencia del autobús también hay que vivirla. Te recoge siempre y cuando le pidas que pare al conductor, sin necesidad de que exista una parada y nada te indica cuál es el bus que buscas, con lo que tienes que parar a todos los que pasan por delante indicándoles el destino al que quieres acceder y ellos te dicen si debes subir o no.

Hay muchas más personas en el autobús que asientos tiene, con lo que la batalla por conseguir un asiento en la salida de la ruta es comprensible. Nos tocó hacer la ida de pie, con sus brincos y sus frenadas y el revisor paseándose por el autobús reclamando el dinero del trayecto. Es toda una aventura, pero si al final consigues sentarte en uno de sus asientos en los que te quedas pegado junto al sudor de muchas personas que se han sentado previamente, y consigues un sitio junto a la ventana, las vistas están aseguradas.

Al llegar descubrimos lo que muchos otros visitantes ya nos habían dicho, es como entrar en Disneyland pues los edificios son de colores llamativos y todo muy barroco y sobrecargado. La ciudad es conocida por ser el sitio de residencia de Sathya Sai Baba, un gurú indio y figura espiritual que se construyó un recinto enorme como centro de meditación, Chaitanya Jyoti. 

Allí se dirigen muchos occidentales a pasar temporadas de meditación y el ambiente es de comuna hippie en la que todo el mundo parece que anda flotando, como idos. Da un poco de miedo ver a esa gente, vestidos de blanco, dirigiéndose a la zona de plegaria donde van a pasarse 4 horas seguidas sentados en el suelo rezando, con unos altavoces por todo el recinto que invitan a salir corriendo y muecas de locura en sus caras.

A parte de eso la ciudad tiene bastantes tiendas que han visto el negocio con los locos occidentales y se venden todo tipo de cosas, además de varios restaurantes, uno de ellos con terracita en la que se está la mar de bien.