Otro Chennai

Esta vez ha tocado Chennai como destino de “puente” para estos 2 días de minivacaciones. Decir que la ciudad es feísima, sin ningún tipo de encanto a parte de que pude pisar la arena de la playa y volver a oler el mar después de 2 intensos meses, pero qué playa…

Chennai está a 10 horas en un autobús de “luxury”, con asientos reclinables, de ahí que sea de lujo. Pero en el que echar una cabezacita se convierte en una ardua tarea. Entre los baches de la carretera, los olores y el frío que entra en las ventanas que se van abriendo a cada golpetazo y los golpes que te das contra todo cuando el conductor tiene que pegar un frenazo y te hace estar en continua tensión. Así que por mucho que sea de lujo, hay que olvidarse de dormir.

 

La llegada a la estación en la parte norte de la ciudad es deplorable. Es una ciudad caótica de tráfico, sucia y al más puro estilo indio. Pero con ayuda de una ex visitante y su hospitalidad todo ha sido mucho mejor de lo que lo estoy pintando.

Con ganas de bañarnos en una piscina fuimos al Hotel Hilton en busca de eso, pero acabamos disfrutando de un suculento buffet libre con japonés incluido, con lo que pudimos saciar nuestro mono de sushi y piezas varias. Fue una comida, que después de dos meses de comer más o menos lo mismo, con los mismos sabores a curry, masalas y especias, nos vino estupendamente.

Después de eso fuimos a dar un paseo a la playa-vertedero al que van muchos indios a ver la puesta de sol, pasear y tomar algo en los bares. El paseo marítimo no está mal y poder volver a ver el mar fue un alivio. Tras eso fuimos a una barbacoa de unos amigos  franceses de nuestra anfitriona y pudimos ver lo bien que viven los expatriados de sus países de orígen en India.

 Niños sentados en la barca de pescadores

El  lunes salimos de Chennai hacia el sur a Mamallapuram, lugar en el que la playa tiene otro color y en el que bañarse está permitido, incluso en bikini para las chicas. Hicimos el guiri en un Resort en el que tuvimos que pagar para poder ir a la playa pero valió la pena.

     

Mamallapuram playa

La vuelta en bus fue igual que la ida, 10 hora sin poder pegar ojo, con un frío helador y llegada a Anantapur a las 6 de la mañana para poder dormir justo 3 horas antes de ir a trabajar.

Conclusiones: hay 2 tipos de turimo en Chennai, el barato, a precio indio, en el que no hay nada más que ver que polución y pobreza en las calles, y el caro, con el que poder disfrutar de cosas inalcanzables para la mayoría de indios.

 Los cocineros que nos vendieron una Masala Dosa para cenar en la estación de Chennai.