O como un mal visado te fastidia la jornada

Ayer descubrí lo cabeza cuadradas que son los indios al ir al registro policial y comprobar que un mal visado te devuelve a tu país en un abrir y cerrar de ojos.

Después de verificar que tengo un mal visado, el B, y que el mío debería ser el E, me dicen que si salgo del país una semana antes de los 180 días de estar aquí puedo volver a entrar y estar los 6 meses restantes hasta completar un año. Me voy contenta de la oficina pensando que podré visitar Malasia o Nepal una semana y volver a mi trabajo aquí, pero al rato me dicen que han cambiado la normativa y que ahora solo puedo estar aquí 6 meses, antes de entonces tengo que dejar el país para no volver.

Me fastidia que ahora tenga que salir antes del país porque no tendré tiempo de visitar otras zonas o tendré que dejar la Fundación si quiero viajar por el país. Sea como sea se adelanta mi fecha de retorno.

Por la tarde, ya más relajada y dispuesta a disfrutar mi última tarde libre, me apunto a una visita al orfanato, donde conozco a 40 niños que viven ahí y son encantadores, divertidos y dicharacheros. El más mayor nos sienta a los visitantes para hacernos una demostración de baile al más puro estilo Bolliwood; las más pequeñas nos cantan unas rimas y todos unas canciones dedicadas a Vicente Ferrer, a India y los padres, a los que la mayoría no han conocido.

Es una de mis mejores visitas jugando con ellos y sacándoles un rato de su monotonía.