Viaje a Nepal – El lugar del aventurero

Sentada frente a la puerta de embarque de mi nueva aventura, me paro a pensar en estos 22 días en Nepal. Todo pasa muy deprisa y haciendo el check-in me he acordado de la mujer que conocí en la cola del visado, mujer francesa residente en Londres enamorada de Nepal que fue guía de trekkings en su día y hoy ayuda a una familia; y me he dado cuenta que ha volado mi estancia aquí. En aquel momento estaba pagando por un visado de 30 días y me parecían una eternidad, pero ha pasado como un flash.

Estoy en el segundo tercio del viaje y no cambio nada de lo vivido pero el tiempo es veloz, demasiado en estos parajes.

Nepal ha dado mucho de sí, reencontrándome con Zazu y conociendo a gente nueva. Hemos estado un grupo de amigos como si nos conociéramos de toda la vida y eso facilita la estancia y el disfrute del país. Los nepalís son majísimos y siempre tienen cara de simpaticotes, algunos pesados (la influencia de los vecinos indios y el instinto de supervivencia a través del turismo pueden tener algo que ver) y en Kathmandú toca ir con mil ojos como en India para que las vueltas o las compras que hacen no acaben saliéndote caras.

Pokhara ha sido espectacular, antes del trekking por los trámites y preparativos y después por el descanso y relax.

El trekking del Annapurna es algo que difícilmente olvidaré, por sus paisajes y por su belleza, además de lo duro que fue en algunos momentos y por haber estado a 4300 metros rodeada del Circo de los Annapurnas, donde te sientas y eres una mota de polvo frente a los gigantes de 7000 metros que te envuelven en sus valles. Una auténtica pasada escuchar desde ahí el crujir del hielo al quebrarse y ver caer algún alud lejano.

Kathmandú también ha tenido su punto aunque menos espectacular por parecerse mucho a India. Es un país, Nepal, para empaparse del budismo, de la cultura tibetana y no perderse las impresionantes Stupas con sus monjes dándoles vueltas mientras rezan sus oraciones.

Toca cambio de aires, de país y de clima. Vuelta a ver el mar y a disfrutar de todo lo que ofrece, a sentirme a gusto en una casa y donde apoyar la cabeza en la almohada de la cama no sea una prueba a la propia escrupulosidad. Ducharse descalza y con luz volverá a ser normal y los cortes de agua y luz no impedirán una vida normal.

Planes para Malasia: sacarme el título de buco y explorar el maravilloso mundo submarino.