Viaje a Kerala – El paraíso indio

Kerala es el estado que más me ha gustado por clima tropical, por el verde de su paisaje, un manto de palmerales y plantaciones de té, sus playas y su lago. Reúne todo lo que se echaba en falta en India, paz y tranquilidad, un poco más de limpieza en las calles y sobre todo agua.

Hicimos la ruta desde el sur hacia el norte, quemando etapas en coche ;eso sí, es tan extensa y las carreteras son tan malas que los trayectos en coche llevan horas, y más si además resulta que el taxista de turno no quiere pasar de 60 para gastar la gasolina justa.

El día que volamos a Trivandrum había huelga general, con lo que la salida del aeropuerto fue un tanto peliaguada con los taxistas aprovechándose de la demanda de ellos y el calor agobiante que hacía hizo que la tensión de los viajes en grupo se diera por primera vez.

Optamos por coger tren dirección Varkala, un lugar en el que pasar un par de días de relax, tomando el sol y paseando por el acantilado norte, con sus tiendas y sus restaurantes con pescado.

Después de un relajante masaje Ayurvédico decidimos que al día siguiente partiríamos hacia Allepey, aunque fue un error puesto que al seguir la huelga, por segundo día consecutivo, iba a ser difícil el desplazamiento. Tanto fue así que los piquetes que formaban barrera en la carretera en medio del pueblo Kotayam, nos lanzaron una piedra que casi rompe la luna de atrás después de que el taxista (con cartel de Hospital para que no le dijeran nada) se saltara a la torera el stop que le obligaban a hacer. Después de la pedrada entró en razón y Jesu se tuvo que hacer el enfermo para verificar que íbamos dirección hospital.

 

Allepey estaba desértico debido a la huelga y todo el pueblo estaba reunido en la playa, haciendo grupos familiares, de amigos y viendo como los pocos turistas que había se bañaban, uno de sus entretenimientos diarios.

Al día siguiente, ya pasado el parón general, cogimos un ferry público por los canales, Backwaters y llegamos a Kollalam, desde donde un taxi con el que obviamente discutí sobre sus precios, muy amablemente y gracias a la comisión que iba a cobrar, nos ofreció un taxi para viajar ese mismo día a Thekadi, junto al lago de Periyar, un lugar tranquilo con una reserva de Tigres (quedan tan pocos que es difícil encontrar a un oriundo que haya tenido la oportunidad de ver uno de ellos).

E hicimos el guiri auténtico en un día muy completo visitando una granja de especias, montando en elefante y “duchándonos” con ellos, yendo al lago a dar un paseo y acudiendo a la inauguración de uno hotel junto a la reserva, viendo el espectáculo de lucha tradicional Kalari y por último viendo una representación de Kathakali.

 

Después de ese ajetreado día nos dirigimos al norte, Kochi y Fort Kochi, donde realmente está el mogollón de la ciudad. Es una ciudad costera famosa por sus redes de pesca chinas y en la que el turismo es lo que da de comer a sus habitantes. Vimos también una Biennal de arte en muchos de sus edificios, con obras de arte modernas y paseamos entre las redes; visitamos la Sinagoga y compramos pashminas en un tira y afloja con los vendedores dignos del mejor comerciante. El regateo llega a ser muy cansado y de un desgaste psicológico importante.

Al día siguiente, último de vacaciones, cruzamos a Ernakulam, otra gran ciudad india con todo lo que ello conlleva, ruido, suciedad, aglomeraciones de gente, calor húmedo y mucha contaminación.

 

De madrugada nos vino a buscar el taxi que nos llevaría al aeropuerto y otro para mí dirección la Fundación, donde solo 3 días me separan del final de este bonito viaje de voluntariado.