Interrail

El InteRail fue creado en 1972 como un billete para jóvenes menores de 21 años que pudieran viajar en segunda clase durante un mes por todos los países europeos que formasen parte de esta Comunidad del InteRail. A medida que ha pasado el tiempo, se ha ampliado el límite de edad y el número de países.

En la época en que lo hicimos mis tres amigas Marta, Marta, Montse y yo, tuvimos que decidir de ante mano la zona por la que queríamos pasar, los países que queríamos visitar y el plazo de tiempo que teníamos para conseguirlo.

Nuestros países elegidos fueron Italia, Eslovenia y Grecia, aunque hubiéramos podido acceder también a Turquía, pero por cuestión de tiempo no fue posible. Y teníamos 21 días para lograrlo.
Esta es la ruta:

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Empezamos desde Mallorca con un vuelo a Girona, y después de pasar noche ahí, nos dirigimos en avión a Milán, siempre en compañías de bajo coste, desde donde empezaba nuestra gran aventura. Éramos 4 jóvenes de recién adquirida la mayoría de edad dispuestas a comernos el mundo, a regalarnos el mejor viaje de nuestra vida como celebración a los exámenes de selectividad. Era la antesala de lo que vendría después, universidad, cambios de ciudad de residencia, nuevos retos personales y nuevas experiencias. Era el fin a una etapa juvenil en el instituto.

Ahí estábamos nosotras, aeropuerto de Milán, con la mochila a cuestas y sin destino decidido, aunque con millones de kilos de ilusión y muchas ciudades que querer visitar.

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Y a partir de ahí todo fue un ir y venir de una ciudad a otra, billete InteRail en mano, segunda clase (siempre que la picaresca no nos fuera permitida por el buen hacer de los revisores), durmiendo en el tren a veces, en estaciones otras, en casas que algún conocido de conocidos nos prestaba o en albergues juveniles. La cosa era viajar lo más barato posible y sin ningún tipo de lujos. Eso sí, algún restaurante local nos permitimos, una buena pizza italiana, un cremoso helado veneciano, un jugoso gyro griego…

Conocimos grupos de interraileros como nosotras, compartimos estancias en diferentes ciudades, modificamos rumbos para alargar nuestra estancia en aquellos sitios en los que estábamos a gusto. Es la ventaja de no tener obligaciones, ni tiempos que cumplir. Es la perfecta definición de  lo que llamamos vacaciones.

Poco a poco los días fueron pasando, los lugares visitados se iban acumulando en nuestro haber y las experiencias y anécdotas se guardarán para siempre en nuestras memorias.

Lo bueno de escribir esta web también es que me permite hacer un recordatorio de todo lo que he ido almacenando.

Así que… a ampliar mi almacén!