Del Prat a Martorell: un paseo por el Baix Llobregat

La comarca del Baix Llobregat es de las más misteriosas de Barcelona y sin embargo de las que mayor tranquilidad y encanto ofrece: al abrigo del río que le da nombre y junto al bullicio de la capital y con la naturaleza salvaje como fronteras en el Collserola y Montseny, a lo largo de esta comarca vamos apreciando cómo los paisajes están en constante cambio.

Desde el Delta del Llobregat, sus playas y sus inexplicablemente salvaje fauna y flora junto al Aeropuerto, hasta los cauces de regadío que forman un curioso entorno entre lo natural y lo artificial, pasando por cómo los bloques de pisos en Sant Andreu de la Barca se asoman como balcones a tal escenario, el Baix Llobregat en torno a su río es todo un conjunto de paisajes y estampas que no dejan nada indiferente a quien recorre su cauce, ya sea caminando, por lo senderos perfectamente preparados para ello, o en bicicleta, el medio favorito de quienes se acercan a este peculiar y encantador rincón. ¡Comenzamos la ruta!

El Delta del Llobregat

Tesoros hay muchos en el Baix Llobregat, pero todos se coronan en su desembocadura: un espacio privilegiado de playas y marismas casi vírgenes, donde la mano del ser humano se nota a su alrededor pero apenas alcanza a tocar estos privilegiados rincones.

15 kilómetros de playa desde donde adentrarnos a un río hasta hace poco denostado, pero que hoy recupera su necesario protagonismo con cauces bien demarcados, paseos donde escapar del bullicio y una naturaleza viva en armonía con los cultivos tradicionales que se llevan a cabo gracias al regadío de sus aguas.

El Parc Agrari

Estos cultivos se van convirtiendo en inmensas extensiones a medida que abordamos el transcurso del Llobregat, donde junto al crecimiento del considerado “extrarradio” de Barcelona, encontramos enormes huertas con productos con identidad propia de la zona como la alcachofa, la cereza, los espárragos y los famosos calçots.

El Gaudí más auténtico y asombroso

En los límites de Santa Coloma del Cervelló encontramos la obra Gaudiniana más misteriosa y por ello más auténtica: la Colonia Güell. Una de las ensoñaciones del arquitecto y producto de su principal mecenas: el industrial Eusebi Güell que sirvió como ciudad residencial para sus obreros.

Aunque inacabada, las obras actualmente existentes de las que destaca su cripta, le sirvieron a Gaudí para campo de pruebas de la que sería su obra más recordada en la actualidad: la Sagrada Familia

La arquitectura inspiradora de Sant Just Desvern

Si observamos desde la Colonia Güell la otra orilla del Llobregat, nos sorprenderá apreciar una enorme mole en forma de colmena dentro de los terrenos de Sant Just Desvern.

Se trata del Walden 7: obra de uno de los mejores arquitectos catalanes de la contemporaneidad, Ricardo Bofill. Una auténtica ciudad utópica dentro de una edificación en la que sus galerías laberínticas nos muestra que existe otra forma de construir fuera de los cánones preestablecidos.

Junto a esta singular construcción encontramos la vivienda-taller de propio Bofill, que como no podía ser de otra forma se trata de otra singular obra: una antigua fábrica cementera cuyos silos ahora alojan al genial arquitecto.

La otra cara del Collserola

Hablar del Collserola es hablar del techo de Barcelona, de la cumbre del Tibidabo desde la que se aprecia una de las mejores vistas posibles de la ciudad condal. Pero el Collserola es mucho más, y en su cara oeste nos ofrece las no menos privilegiadas vistas del rio que homenajeamos en este artículo, en un entorno que alcanza su culmen entre las casas rurales del El Papiol y cuya sierra se engrandece a la otra orilla, entre Sant Vicens dels Horts y Sant Andreu de la Barca, escondiendo poblaciones con tanto encanto como Corbera o Gélida, donde se nos olvidará que la Diagonal nos queda a poco más de 20 kilómetros.