Crucero sobre el Volga: Al descubrimiento de los destinos rusos más famosos

De San Petersburgo a Moscú o viceversa, un crucero el rio Volga es una epopeya sin igual para ir al descubrimiento de Rusia. Cerca de 2 000 km de travesía implicarán los viajeros durante una decena de días hacia lugares inevitables que darán prueba de una riqueza histórica y cultural incomparable.

 

Cruceros fluviales

Más largo río de Europa, el Volga cruza de Oeste es el territorio ruso. Arreglada al principio para facilitar el suministro de Moscú, supo atizar con el tiempo la curiosidad turística y acoge actualmente muchos barcos de crucero. Estos últimos hacen alto en distintos puntos estratégicos con el fin de hacer aprovechar a los viajeros toda la riqueza de Rusia.

Así pues, durante un crucero fluvial por Rusia, una visita del famoso Lugar Rojo, del Kremlin y el descubrimiento de principales obras religiosas se imponen antes de aumentar el ancla para Yaroslavl. Esta ciudad, en particular, su centro, revela estructuras de antaño que se combinan a la perfección a las renovaciones emprendidas por la emperatriz Catherine.

Itinerario increíble

El viaje continúa en dirección de la isla de Kiji. Situado sobre el lago Onega, este museo a cielo abierto implica los pasajeros en un verdadero aumento en el tiempo con sus edificios en madera. Alberga también la celebra iglesia de la Transfiguración superada de sus 22 bulbos.

Tras esta escala, un crucero por el Volga permite también hacer una escala en el pueblo de Mandrogui. Además de la práctica aún muy presente de la artesanía, enarbola con orgullo de las viviendas tradicionales adornadas de esculturas a los colores tornasolados.

Se sigue también la travesía del lago Ladoga. Esta amplitud de agua cubre una superficie idéntica a la mitad de la del hexágono.

El viaje se acaba finalmente en San Petersburgo. Dotada de un patrimonio sin igual, la ciudad hace oficina de capital cultural y artística del país. Numerosos edificios impresionados de la historia se puede encontrar allí, como la iglesia Saint-Nicolas-des-Marins, el museo de la Ermita o la catedral Saint-Isaak.